Micro Brew Fest 2017: un acierto y dos críticas recurrentes

Micro Brew Fest 2017: un acierto y dos críticas recurrentes

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El maravilloso y serxy Luis Lorenzo nos hizo el “favor”(sabemos que la pasaste bien, así que eso de favor…nah!) de irse hasta el Micro Brew Fest edición 2017 y traernos una reseña muy completa de sus impresiones. He aquí lo que nos dice el muchachón.

Escrito por Luis Lorenzo.

Esta edición del Panama Micro Brew Fest 2017 obré el milagro de emborracharme más a pesar de que el vaso parece encogerse edición a edición, como si de un viejo con artritis aguda se tratara. Unos catalogaron este hecho como un acto de magia, otros como una gesta heroica, los más insidiosos como síntomas temprano de una cirrosis futura. Para mí no es más que sed, recuerden que estamos en verano y que los expertos recomiendan mantenerse hidratados.

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En la imagen: Alguien más guapo que yo y con la barba mejor hecha.

Bromas aparte, mis impresiones del #MBF2017 que se realizó este fin de semana fueron más que positivas. El cambio de sede, del Mercado Urbano a las inmediaciones de la Ciudad Deportiva Kiwanis en la misma Ciudad del Saber, fue un acierto. El espacio, más abierto pero igual de seguro, permitió una mejor disposición de los stand participantes, desde las protagonistas absolutas de la función como lo son las micro cervecerías, pasando por sus secundarios de lujo: los food trucks y puestos de comida, el área VIP Mastercard con sus baños espaciales y las diferentes amenidades regadas a lo ancho y largo del gramado.

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Asi se veia la vaina a vista de dron…

Esto no solo me dejó la impresión que el festival creció en escala y calidad, sino que hizo mucha más agradable mi estancia en el festival -Mercado Urbano, después de cierta hora, era un enlatado de sardina- y aprovecha la refrescante brisa de verano que pega en la antigua base militar de Clayton. También, desde el punto de vista organizacional, le permite a los patrocinadores ejecutar más y mejores activaciones. ¿Quién no se atrevió a hacer una carrera de sacos en el circuito de habilidades? ¿Quién no compró una pinta en el stand de Mastercard con la esperanza de que se activara la alarma y no tener que pagar por ella? ¿Quién no se detuvo en el puesto de Panama Brewer Supply y meditó en mandar todo al carajo para empoderar su sueño de dedicarse a las cervezas, no como deporte, sino como profesión?

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Foto pirata de una carrera de sacos pa’ ilustrar

Este detalle no es baladí, porque parte importante de lo sostenible de un evento en una ciudad donde la gente se queja de la falta de oferta -un gran mito, a mi criterio- es el apoyo de patrocinadores y que estos consigan una exposición directa de su marca y, sobre todo, dividendos económicos. Para eso no solo hace falta que los organizadores ofrezcan a estas empresas espacios apropiadas para exhibirse, sino también de las mismas marcas de pensar maneras ingeniosas de acaparar la atención del flujo de público, alegre, chispiante y masivo que se espera en esta clase de eventos. Una simbiosis que pude ver bien ejecutada esta ocasión y que marca importante precedentes.

Cheers

Biech hecho. En la imagen: Como queremos que sean los vasos del 2018.

Dicho lo bueno, toca lo recurrente. Aunque los playlist de los DJs invitados a los Micro Brew Fest son increíbles, desde mi primera visita al festival hace cinco años siempre he echado en falta una tarima con música en vivo. El rock y las cervezas artesanales son aliados naturales -prueba de ello la cantidad de agrupaciones de rock que tienen sus propios brebajes-, pero en Panamá y en el MBF en particular no parece ser así. Esta ausencia endémica me alarma, considerando que una industria como el de las micro cervecerías nacionales que busca competir con los conglomerados de agua de arroz con la consiga de lo local. Pero ellos, a su vez, que tienen el potencial de proveerles un espacio más a los músicos locales y de la región, no lo terminan de hacer.

No solo eso: Panamá ya no es el país boyante que era cuando el MBF lanzó su primera edición y aunque hay dos cosas seguras en esta vida, la muerte y que la gente va a tomar cervezas hasta que la guadaña los golpee, sumando el costo del boleto, más el de consumo de cervezas y de comida ya dentro del festival, los organizadores tienen que justificar este gasto total entregándoles a su público la experiencia más completa y memorable posible. Y sí, la cerveza está bien. Pero la cervezas con rock saben aún mejor.

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Dave Grohl aprueba este comentario.

Por último, está el tema del vaso al que ya aludí en la entrada de este texto. Entiendo por qué la medida: entre más pequeño, mayor rentabilidad. También la idea es incentivar un mayor consumo para descubrir las nuevas fórmulas de nuestras micro cervecerías favoritas y conocer las nuevas casas nacionales o internacionales que se presentan. Pero este es un discurso de versados. El público general, al que el festival está buscando captar, no le importam esas menudeces. Ellos quieren ver rentabilizado los 3.00 o 4.00 dólares que pagan por pintas.

Aunque estos dos comentarios finales pueden darle un toque amargo a mi reseña del evento, nada extraño para los paladares cerveceros, tengo que citar a mis amigos de Buenas Pintas sobre mis impresiones finales: “¡Comprobado: cada vez mejor!”. ¡Salud y larga vida al Panama Micro Brew Fest! 🍻

P.D. No hay muchas fotos del evento porque después de la 3ra cerveza ya se nos olvidó que el celular tomaba fotos y pensábamos que era 1993.

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